El compromiso del Hombre: consigo mismo!
Actuar… Construir, lograr… “Hacer”, pues, parece
el compromiso del Hombre en la Tierra, compromiso que lo lleva a la acción
inveterada de tener en vez de Ser en un entorno que ni siquiera conoce
a plenitud… ¡El Hombre ni siquiera conoce a fondo su planeta! Mucho menos su posición en el cosmos: hasta
se sorprende de ver la magnitud de su planeta en el
universo cuando se ha creído el centro del mismo… Y, sin embargo, ése es el
reto existencial del Ser humano: entenderse, más aún si está consciente de la
situación… Y el problema es mayor: ni siquiera el Hombre se conoce
integralmente a sí mismo, lo que sí es de por sí grave: se equivoca en sus
apreciaciones y características personales y de grupo, e ignora la posibilidad
de casi todo destino humano argumentándose pretextos de carácter racial, grupal
o personal, a los que asigna doctrinalmente consagraciones o misiones… Ha
tenido que inventar destinos etéreos, post-mortem evidentemente, para darse la tranquilidad
de ser trascendente, importante, perenne... Y con ello, asumir a plenitud la
necesidad de hacer, lograr tener y heredar aquí, en éste mundo… ¿De dónde le
habrá salido al Hombre esa necesidad de tener en un mundo que le es
prácticamente ajeno? De dónde la exigencia de hacer y lograr, para cuando se presenta la Muerte simple y llanamente
morir y dejarlo todo, además de deber trabajar para conseguir en vida su sustento,
pero nunca estar seguro del buen resultado de su trabajo… El Hombre parece
vivir, en realidad, bajo un condicionamiento del cual está ajeno y no se hace
cargo de ello... Y para justificarse, echa mano de teorías insensibles que solo
le reportan pretextos para continuar tozudamente con lo mismo…
El mundo de desarrollo plano del Hombre, el mundo que ha logrado
construir le permite asumir que domina y manda, que decide y gobierna sin más
límite que sus propias ganas… La ciencia que ha logrado manejar le dice que las
cosas son como él piensa o como él intuye los procesos terrestres… Solo que, al
encontrarse de lleno con la magnitud espacial del universo en pleno, resulta
que las propias leyes físicas conocidas tienen inexactitudes y variantes
imprevistas en el entorno universal que permiten deducir que su “totalismo
universal” se refiere exclusivamente a la Tierra y a su entorno conocido,
actual… El Hombre empieza a no estar tan
seguro de ello… Aunque no duda de sí, sino de ‘las leyes físicas’ y de cómo
operan en el marco extraterrestre... Y quiere llegar a ése nódulo de
variabilidad incomprendido… La visión incomprendida de la “parcialidad
diabólica” del mundo… Y la “percepción femenina”, un resultado de maldad? La
‘visión femenina’ como diabólica? Por supuesto que no. Respecto de “las leyes” que rigen su entorno
económico y social, el Ser humano ha llegado a considerarse soberano, aunque concede
a la “matemática económica” un espectro espacio-temporal quasi-místico de
soberanía que encubre y justifica sus manipulaciones en favor de la
especulación material directa y, claro, la inicua consecución de bienes: el
Capitalismo totalista. Todo esto, el marco de hacer, tener, conseguir, y lograr… El Hombre, pues, se siente en
posesión de sí mismo. Y, por supuesto, de su mundo: la “visión femenina” de Ser:
el aquí y ahora.
Pero cuando llega la muerte, todo cobra un matiz distinto… Sobrio,
sobre todo, y entonces está el momento de las definiciones temporales: quién
queda a cargo de qué… Porque el individuo ya fallido, no… Y, de él, por cierto,
qué¨? Ya no: ni cuenta ni vale. Está ajeno a toda posibilidad. Es sustituido,
suplantado. Nada qué hacer. Se supone que pasó “a un mundo mejor” aunque a
nadie le consta… La sucesión del mundo, pues.
Hasta ahora y desde el principio de los tiempos, así: la Era de Japhet,
heredero del mundo, el depositario del mundo del Hombre, los “pueblos blancos” pues,
los constructores del mundo, de acuerdo al planteamiento bíblico de Génesis. Correcto
hasta aquí. Sí: es su dispensación. Pero: dónde queda el Ser?
El Ser no le resulta claro
a la humanidad en su conjunto: lo identifica con hacer y tener como un
modo de realización en que la construcción del mundo es el prolegómeno de su
existencia material: la visión femenina
del mundo, diríamos, en que la disposición concreta, directa del ejercicio
de los “bienes”, representa la realización y el Poder, la construcción
eficiente del Ser, su “propósito básico” como norma de su efectividad, su
“principio activo” de factibilidad, de derecho y cumplimiento, su “solvencia
espiritual”… Y opera así en la realidad sociopolítica
hoy día. Cuando se dice “visión
femenina” … No se incurre en un “pecado moderno” de demeritación sexual y social? Sí, por cierto: aunque se ha establecido modernamente, a
nivel social y jurídico, el principio de que la mujer no solo NO es diferente del varón, sino que, en cambio, llega a ser
sustituto eficiente de él, lo cual debiera ser una verdadera antinomia. El
Ser social debía estar muy atento al hecho de que no son específicamente
iguales. Ese fue el principio fundacional del sistema Sodoma-Gomorra: habrá muchísima
gente que se ría del asunto, pero no queda claro que los gobiernos femeninos
hayan logrado superar las taras del gobierno tradicional… Ahora se lo plantea
como una posible “alternancia”, donde unos y otras se responsabilizan de los
fracasos continuos… Y a nivel familiar igual: la mujer que se “empodera” para
hacer de su vida un mazacote a costillas de su pareja que debe aguantarlo todo como
parte de la “nueva modernidad” de ser…No queda claro qué es Ser…
En fin: la función de Ser NO
PASA por los detalles de las preferencias primarias, orgánicas del individuo,
ni por sus instancias sociales ni económicas ni políticas. Y sí se asienta en las funciones superiores
del intelecto y la comprensión, que comprenden: la visión, evaluación y asunción
del mundo y la realidad como fenoménica y fugaz, donde el Hombre NO puede tener
asiento permanente porque “está de paso”, como dijo Jesús… Y estar de paso es, exactamente, no pertenecer… Y es lo que
al Hombre actual-y desde el medievo- le resulta ajeno…: Sus valores básicos han
sido siempre la conquista, el logro, y la detentación de bienes; la supresión
del enemigo y la administración ‘conveniente’ de sus haberes.
Pero: como el Ser humano NO CREE que está de paso, o no quiere
entender que su condición aquí y ahora es parcial y limitada –restringida a su
mundo, a sus condiciones y a las consecuencias de su propósito original - quiere imaginar, como alternativa y como
posible esperanza, un soñado “dominio galáctico” donde manda… La obsesión, el
problema-detalle de “mandar” domina al mundo y lo sigue aprisionando… Y el
ciudadano medio no alcanza a entender este afán por el Poder, esa premisa de
hacerse obedecer, de sentirse Rey, Dios, pero intuye y atesora y cobija esa
esperanza obtusa…
El dominio: mandar, y gobernar…
¡Ser es eso, en la
mentalidad popular! Un diosecillo, un “altomandante” en la posición social:
“Alguien” dice la voz popular, y
“alguien” significa connotación, reconocimiento, distinción y separación del
grupo: estar por encima…
No: SER significa estar
consciente de la propia situación sin pretensiones espurias, sin magnificencias
inútiles, sin vaciedad, y sin expectativas insuficientes. SER significa tener
un concepto claro de la propia dimensión, asumirse como un pequeño Ser
depositado en un universo cognoscible pero vastísimo que no nos es propio como exclusividad, y una condición de vida en
que la percepción y apropiación de uno mismo como derecho es una exigencia y
una necesidad, por más que las propias culturas hayan hecho de ello una negación…
Y ése es el punto: seguimos obedeciendo a la cultura tradicional negadora de
tal condición para sustituirla con la propuesta de la “continuidad espiritual”,
incluidas todas las religiones en todas sus formas…
SER es entenderse en forma plena sin cartabones y dedicarse
a la comprensión de quien nos ha dado el Ser; dedicar la vida al conocimiento,
a la experienciación de la vida y su sentido y a la consideración de los
prójimos, a la evaluación de los “valores humanos” y la calidad de vida de
todos los seres que alternativamente nos acompañan, y a comprender el sentido
de trascendencia que las exposiciones de Jesús y los Profetas tienen… Y
trabajar, claro, por el propio sustento, dado que no nos está prescrita la
molicie como sistema de vida en derecho alguno. Como tampoco la riqueza ni la “propiedad”
como derecho.
Ser es poderse erigir en un individuo autónomo y declararse, de acuerdo
o en contra de la necesidad, como independiente y libre, con derecho propio de
pronunciamiento. Sin lastres. Sin deudas. Sin compromisos. Libre, pues.
Dios solo puede aceptar a alguien así. A ningún otro.
Parece duro, no? Quizá lo sea… Pero es así!



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