La contaminación planetaria, una infortunada realidad
Estamos
acostumbrados a ver, percibir y sentir la Tierra como un entorno natural
permanente y perenne, inmutable y estable, seguro. Nunca asumimos la idea de
que es un globo sideral flotando en el espacio infinito y girando sobre su eje
y alrededor del sol en una inconmensurabilidad increíble donde el ‘hábitat de
vida’ está protegido, expresa y materialmente protegido. Nuestra Tierra tal que
nuestro hábitat natural, es el verdadero mundo posible… Y el Único, de hecho.
Pero para nosotros todos y cada uno, es “la realidad” tal que el confín de lo
posible. Y su equilibrio ambiental lo tomamos como algo dado, estático, auto-equilibrado
y firme, no alterable.
Apenas
recientemente, gracias a la astronomía y a la física, llegamos a conocer las
características de nuestro planeta y su sorprendente equilibrio, su composición
química, y su condición de Entidad viva… Que
no reconocemos como tal por cierto, Pero que con mucha dificultad hemos
comenzado a entender que esas condiciones ambientales, ecológicas se les llaman ahora para mayor precisión, sí pueden
variar… y de hecho, nosotros mismos como habitantes de ese entorno vivo hemos
erosionado desde haber hecho todo lo posible por “aprovechar” los recursos que nos parece que presenta ése
entorno para construir nuestro propio ‘mundo alterno’ a gusto y pedido de
nuestras ganas, de nuestra competitividad, o de nuestra fantasía: ciudades,
sobre todo… pero todo lo que conlleva ese concepto también: las pretensiones y
exigencias por ‘lo mejor’ (como si no todo es producto terrenal!), las
extensiones lucrativas y la sobre-utilización de materiales … y ‘aprovechar’, en el lenguaje técnico,
significa quitar y utilizar, es
decir, desviar de su destino natural para fines de utilización práctica.
Depredar. Sobre todo, como el Hombre lo ha hecho siempre, pero suicidamente en
los últimos tiempos, en que la extracción masiva de “materia prima” se volvió
lo general, la exigencia inevadible, la norma del sistema, lo exigible…
El ser vivo
Tierra está entrando en colapso,
aturdido y lastimado por su fauna… Y la fauna somos nosotros! Re-direccionar ríos,
construir presas, desecar lagos, talar bosques y deforestar, quemar las selvas
y extender los campos de pastoreo y de cultivo, excavar minas, extraer y
sobre-extraer carburantes, explotar bombas atómicas, arrojar a la atmósfera
todos los residuos carburados ‘indeseables’ con la pretensión de que ‘ya la
atmósfera limpiará’, en la idea de que se auto-compensa y se auto-equilibra
sola… Irresponsabilidad pura, pues!; extraer de la propia atmósfera oxígeno y
todos los gases industriales, nitrógeno, indiscriminadamente a la par de
arrojarle bióxido de carbono todo el tiempo y toda clase de tóxicos… Corromper
el hábitat con plásticos residuales casi indestructibles… Incendios masivos,
naturales o provocados(en el 90% de los casos, provocados), la
sobre-explotación del agua, la sangre y linfa del planeta… La sobre-explotación
de los mares a nivel de ‘excusado global’ y también de ‘proveedor inmarcesible’
de satisfactores alimentarios… Qué clase de ‘mentalidad inteligente’ es capaz
de hacer esto? La tierra demuestra una muy buena salud originaria que está
siendo acabada por sus ‘virus’… Y no nos hacemos cargo! Nuestra conducta obtusa,
irracional no queda claramente expuesta? Parece que no… El Ser humano como que
no quiere entender. Ni siquiera está consciente del lugar que ocupa en el
universo, pero se cree ‘dueño’ de su planeta, dueño a discreción, sin asumir el
hecho de que es depositario de un pequeño mundo perdido en la inmensidad, y al
cual NO puede sustituir … Pero sí sabe que no puede ir A NINGÚN PLANETA del
propio sistema solar para continuar su obra de depredación, aunque lo está
pensando porque sus propios científicos saben que NO pueden ir allá… Y aún así
piensa seguir igual…! Es decir: para el Hombre moderno, como va todo, la civilización=depredación,
destrucción… Y transformación del mundo en un ítem DISTINTO al natural! La
negación de lo natural! Ni el afamado Demonio habría de ser tan procaz!
Esta es la
descripción precisa, exacta, del pensamiento demoniaco que expresan las últimas
bestias de Daniel y de Apocalipsis: una idea obtusa, irreal, monstruosa –a los
ojos del Altísimo (¡y de cualquier conciencia despierta!)- de una posible
‘construcción de un mundo’ a partir de la destrucción: como la idea de un loco
que construye un espacio propio a partir de la destrucción de su propio hábitat
usando los propios elementos de su entorno…
Bien. El Hombre
llega a su fin sin ninguna excusa, perfectamente armado con sus pretextos, pero
con logros reales ningunos. Solo con ganas… Y “ganas” cuestionables… La
‘construcción del mundo’ nunca fue un prurito del Señor, desde Caín: quedó
claro entonces que tal ‘construcción del mundo’ no era la opción del Altísimo…
Pero, era una opción…
La
destrucción del hábitat terrestre, en este caso, no es imputable a ningún
fenómeno cósmico, ni a ningún designio divino: es inevitablemente obra del
propio Ser humano inconsciente del valor de su planeta, de su característica de
sustentador y depositario de vida, y creído de ser el centro de una –y
cualquier- disposición superior que lo llevará al final a un lugar ideal
distinto de las posibilidades materiales, donde se divinizarán las expectativas
más radicales que cada uno tiene como perspectiva aquí y ahora… O sea: la
Tierra como “examen’”? Sí, ok. Tal cual. Pero: la Tierra como una entidad de
evaluación para espíritus pre-existentes que alcanzan la luz…? Y, la Tierra?
Queda como una entidad inútil, vacía, puesto que ‘los malos’, apuestos de todo
reclamo, van al infierno, otra entidad oscura, vacía… Mientras “los buenos”,
los destructores del mundo, los que “lograron ser”, gozan del placer de estar
en un ‘mundo’ realizado… Ni siquiera al alcance de sus propósitos originales!
Otra vez, el desprecio de la realidad…
Y no hay
solución. Los gobernantes terrestres no pueden ni están dispuestos a corregir
las cosas. Los empresarios, menos. El Hombre sigue… Solo Dios Altísimo está a
cargo de toda esta catástrofe, intervención que el Hombre no desea, por
supuesto… Su ímpetu le compele a continuar su labor de destrucción, si es
posible, hasta otros mundos…
Pero es algo que no pasará. Y el fin de este
desastre está próximo. Muy próximo…
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