GUADALUPE: EL FRAUDE COLONIAL
Tonantzin,
advocación de una diosa con
distintas manifestaciones, como en los
pueblos de oriente: Zihuacoatl, Coatlicue, Teteohinan… La “Madre divina”, la
Reina del cielo pues… Igual que en aquellos pueblos! Y: no es un mero cuento:
es real, según lo reporta Fray Juan de Torquemada… Además, esta diosa tenía la
costumbre de aparecérsele inopinadamente a algún adorador solitario justamente
en Tepeyacac en forma de una jovencita con ceñida túnica blanca, lo que tenía inclusive
un cierto tono sensual desde que les comunicaba, con su aparición, ciertos
secretos confidencialmente…
Y: qué pasó? Con la conquista española y el
catolicismo, hubo que combatir y desaparecer esto, aparte de, con ello, someter
a los naturales. Y ocurrió que en España un vaquero oriundo de Cáceres,
Extremadura, en el siglo XIII encontró una estatuilla con la representación de
una virgen morena –alusión a los moros- que resultó ser “muy milagrosa”: la
encontró por un río que se llamaba justamente Guadalupe, castellanización del nombre árabe wad al hub, ‘río de lobos’… Tal diosa conservó el nombre y se
instauró todo un culto en torno a ella como ‘virgen’ advocación de María misma,
devoto del cual era el propio Hernán Cortéz originario de la zona y quien
además portaba esa imagen en su estandarte. Los Reyes Católicos, devotos
también de tal virgen, entonces, decidieron adscribir esa noumenidad a sus
territorios en el Nuevo Mundo por su imagen morena en papel de protectora de los indios… El resto es
harto conocido: en 1531 se apareció una diosa al indígena Juan Diego en el
preciso lugar en que aparecía Tonantzin, quien dijo ser “la virgen María” pero
que, en intimación con los naturales de la región, adoptó el tono moreno y referencias
icónicas de la cultura autóctona, aunque conservó el nombre original de su
procedencia, España. Para la tranquilización de los mexicanos, se adujo que el
nombre venía del náhuatl COATLALLOPE, que
estiradamente querría decir: aplastamiento
de la serpiente… Lo que no es
conocido, por cierto, es que existe más de un testimonio colonial que refiere
la creación de la virgen al tlacuilo Marcos Zipac de Aquino, re-aculturado por
los frailes en la escuela San José de los Naturales, y por instancias de Fray
Alonso de Montúfar, con la idea de imbuir en los originarios habitantes del
país que Tonantzin era en realidad, y desde el principio, “la Virgen”... Y este
dato lo reporta Fray Francisco de Bustamante en 1556, quien se oponía a ese
culto, y lo confirma Bernal Díaz del Castillo…
Todo el
suceso tradicional lo asentó, según la mitología popular, el también indígena
Antonio Valeriano en su obra Nican
Mopohua escrita en náhuatl con caracteres castellanos, de la cual se
conservan tres versiones distintas según se constata en la Biblioteca Pública
de New York.
Esta diosa, hoy por hoy “La Virgen Guadalupe”,
pasó a constituirse en factor de unión e identidad de un país con insalvables
diferencias regionales debido a los factores étnico-culturales de las tribus
originarias que lo conforman y de los españoles y criollos asentados en las
diferentes regiones del territorio hasta el grado de haberse convertido, más
que en “Madre de Dios”, o además de ello, en Madre de todo mexicano que se
precie de serlo… Son inopinados los paseos que se hacen de la imagen de tal
Virgen en procesión, por las vialidades de las ciudades y pueblos del país,
acompañada del cántico “La Guadalupana” como definición de devoción y
reconocimiento... Como el Uande Mahtaram hindú: Todo un himno. Adoración, pues.
Y es absolutamente inevitable recordar o
identificar semejante ritual con el que se realiza en India en favor o en honor
de su diosa-madre, la responsable de la creación del país hindú y figura de él,
depositaria de la confianza de sus pobladores… Cuando uno se entera de lo que
significa el Uande Mahtaram, se
asusta por el nivel de idolatría y paganidad que contiene, por esa increíble
afición a una figura ideal inconstatable… Esta pieza es conocida en el mundo
como “canción de la India”, pero pocos saben el contenido de semejante himno.
Se la toma como una pura lírica referencial. Y quizá, en el fondo, solo sea eso
en realidad. Esto es un ejemplo del principio general de la feminidad que
embarga al Ser humano a pesar del patente patriarcalismo social.
Pero, he
aquí: no tenemos que ir lejos: en México mismo, en plena modernidad, tenemos
una identidad similar, profundamente pagana, donde la “patria” no se la
debemos, realmente, a ningún prócer, sino a una diosa etérea, “virgen” y madre
a la vez de ‘todo lo mexicano’… Tenemos
en realidad una “Matria” en vez de Patria, como los hindúes: Patria como
concepto tradicional, y para muchas radicales feministas partícipes de la idea
de la transformación, un concepto agresivo, pero a pesar de lo cual se
involucran con la ideología guadalupana para sustentar la “Matria” –no
claramente definida- al igual que numerosos disidentes del status convencional:
una forma de disentir… Y de convenir!
El detalle es de carácter puramente popular o
es de incumbencia popular, general: y se puede pensar que tal ritualidad no
afecta al pueblo en su conjunto y al destino de la nación en global. Pero no es
así: semejantes ritos son deprivantes, despojadores de toda objetividad
pensante, de todo juicio crítico, y promotores de la ritualidad mayestática, o
sea, llevan a la minusvaluación del pueblo contemplado desde fuera como un
‘populacho ignaro’ incapaz de ninguna modernidad, atado a la ancestralidad informe…
Y a título interno, se constituye en una comunidad cerrada, resistente al
cambio, a la crítica y a la modernización, además de que, viéndolo desde la
óptica de la Revelación, esto solo significa la asignación de todo un pueblo al
desperdicio histórico…

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