EL “SENTIDO” DE LA VIDA: LA ENTELEQUIA HUMANA. 1° PARTE 1° PARTE.


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Uno contempla el ‘hormiguero humano’ sobre la tierra y constata el asiduo trajín de esa masa animal que va y viene, que lleva y trae, que edifica y derriba, que hace la guerra y erige imperios… Y construye entes económicos  que se vuelven dominación, Todo en función del Hombre mismo… Para qué? Para un pequeño lapso de vida, después de la cual vienen herederos y sucesores que al final ya no tienen consciencia ni memoria clara del fundador ni de sus propósitos originales y la cosa termina en una especie de “derecho a la riqueza” o al entorno, del todo insondable.

Y, cuando no puede ser así, la simple exigencia de ser ‘productivo’, formal, decente, cumplido, patriota y cumplidor se vuelve una exigencia generalizada: la sociedad demanda atención,  consecuentalidad, orden y respeto, decencia… Con eso el Hombre promedio “cumple”?

El sentido ‘racional’ de ése deber ser de la vida, que la justifica y le da tal valor, va a pedir que uno justifique su apreciación y su función rectora como si no fuera real el devenir inocuo, vacío, de la supuesta ‘permanencia’ del Hombre sobre la tierra gracias al imaginario supuesto  que “desde el otro mundo”, los Fundadores están pendientes del mundo y/o de cada cual… Quién  reveló al Hombre tamaña inverosimilitud? La fantasía humana de perpetuidad…!

El agnóstico, el filósofo y el religioso se preguntan por ello: Vale la pena? Es ése el objetivo final de la existencia? En función de eso es que Dios juzgará el desempeño humano? Y si no, cuál es el propósito de la existencia, la meta, el objetivo final de la vida?  La ‘razón de ser’, pues… Qué razón puede haber para que el Hombre sobre la tierra emplee su vida en la consecución…  De qué? Dinero? Conocimiento? Placer? Vivencias? La felicidad de la especie? Fama?

Desde el aspecto político, el Hombre es un Ser llamado a colonizar, a dominar, a imponerse al mundo y aún al espacio sideral; desde la biología, es el resultado cumbre de la “evolución orgánica natural” y punta de lanza de la vida, por tanto, el depositario de todo derecho de Ser; desde la sociología, es la escalación suprema de la organización material de todo lo conocido, de modo que viene a ser como el ariete del desarrollo. Y desde la religión, un ser caído, indigno, casi mísero, de hecho, un Ser  inapreciable y corrompido, culpable de una falta letal pero depositario de todos los derechos materiales que el mundo representa y que Dios le ha otorgado para su realización siempre que se prosterne ante su Creador, razón de todo lo que existe. La  razón de ser del Hombre es ésa,  para la religión: ser víctima de su Creador. Pero la filosofía, que desestima esos esquemas por comodinos y falaces desde que no explican la razón de ser de la vida  y solo la justifican adponiéndole un ‘destino’ como exigencia condicionante fuera de la cual la vida deja de ser válida –o tener algún valor sensato en el universo de Ser-, considera la vida como un proceso natural, espontáneo y orientado a su propia realización por vía del perfeccionamiento.

Pero como lo anterior no dice mucho o al menos no justiprecia la “razón de ser” de la vida con un argumento etiológicamente válido, desde el siglo XIX y todo el siglo XX se generó toda una corriente de expresiones que cuestionaban la validez y racionalidad del Ser: Nihilismo, Existencialismo, Surrealismo… Básicamente, todas, como oposición a los prolegómenos idealistas convencionales, para de fondo coincidir con la perruna escuela Cínica de Diógenes que alegremente desmontó todos los valores del “deber ser” de la existencia para encontrar que no había NADA que explicara, Justificara o validara la existencia, por lo que la vida, en sí, como tal, no es expresión de ningún valor ni la valida ninguna tendencia ni ningún ‘objetivo’ externo, ninguna ‘razón de ser’: el ‘Todo’ es solo un vacío indiferente que no reclama nada, ni exige nada, ni juzga nada. Y al final de la vida de cada Hombre, éste encontrará que nada de lo que pudo o no pudo hacer significa nada: La vida es solo un discurrir arbitrario, sin plan, donde el propio Hombre puede ponerle o no, valor a las cosas: lo mismo da…

Esta filosofía da al traste con la idea hinduista -y budista- del karma original; y arrincona y acaba con la idea de Zaratustra, herencia después  judaica,  luego cristiana y finalmente musulmana, del pecado; y también acaba con las ideas  de las ‘faltas a la moral” de la escuela victoriana y con todas las éticas capitalistas de Deber ser … Como disidente, el pensamiento crítico es, por eso, inaceptable aún hasta hoy día: el sistema burgués tiene exigencias perentorias inexcusables y no puede permitirse el lujo de una disidencia tan independiente… Pero, bueno: cuál es, entonces, la ética real de la vida? Porque confirmación explícita de los valores idealistas hasta ahora conocidos, no existe. Todos son rehenes de la ‘voluntad de creer’ del Hombre, o sea: cuestión de fe solamente. El cielo, el infierno, el paraíso, el alma; la redención, los imperativos categóricos y los ‘deber-ser’ TODOS son, hasta ahora, conceptos indemostrables, solamente superpuestos a la existencia. La lógica humana termina ante estas figuras como en un embrollo…

CDMX, Fco. Munguía. Primavera de 2020

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