EL “SENTIDO” DE LA VIDA: EL ESPÍRITU DEL COSMOS. 2° parte.



A fuer de no tener claridad sobre su situación, el Ser humano se dio UNA respuesta sobre su motivo y razón de vivir, sobre su razón de ser, de estar sobre la tierra y su destino cósmico. Para ello, echó mano de su capacidad de elucubración y, por supuesto, encontró algo: su mundo, la edificación de una sociedad y una cultura que lo representa y justifica en Nombre y por pedido de númenes que exigen de él cierta conducta que podrá convertirlo en heredero permanente de la superioridad, en miembro de derecho de ese status nouménico. Los dioses… Dios. Y su función era necesariamente, indefectiblemente,  servir a los dioses, servir a Dios: cumplir su veredicto, su Voluntad. Justificarse ante los dioses –o ante Dios—como ejecutor. Sin mandamientos ni órdenes explícitas, en principio: solo dar satisfacción a las expectativas divinas… Sus propias aspiraciones!  

La religión. He ahí el punto necesario, por lo que esa ideología ha prevalecido por siempre en la conciencia del Hombre, hasta la fecha, y no ha sido posible sobreseerla: el “servicio a Dios”. Es un supuesto que proyecta al Hombre, al Ser humano, a una dimensión verdaderamente trascendental y lo convierte en parte de la divinidad, que es quien lo valida. La anuencia del Cosmos…  Dios, se dijo en las “religiones reveladas”,  ha dispuesto que el Hombre cumpla con su objetivo, que es su propia realización sobre la tierra como fehaciencia de su calidad. Tras esto, Dios le ha de juzgar y, en base a sus logros, dará su veredicto. Lo mismo decía el judaísmo formal: rituales.

El Ser humano jamás se preguntó si de verdad los dioses o  Dios mismo en realidad quería la realización material humana o no: simplemente lo dio por hecho. Ese era el punto. Como se cita a menudo: “por sus frutos los conoceréis”… Y se fue por la libre! Logro y consecución de resultados  favorables para el individuo personal, al margen de los demás o hasta a pesar de ellos… Pero: ése era el “servicio a Dios”? En realidad, el Ser humano parece no entender que ése ‘servicio’ no pasa por la adoración ni por la reverencia irracional como tampoco por la ejecución irrestricta del “deber ser” político-social. SERVICIO A DIOS significa conocimiento de Dios, y con ello, respeto, apego al enunciado del Deber  Ser cósmico enunciado en la Ley, y voluntad de continuar así… Y esto no tiene nada que ver con el anacoretismo ni con la vida monacal!

Alternativamente existieron, casi soterradas, varias otras mociones que hacían al Hombre independiente y dueño de sí, sin referencias ajenas a sí mismo y Él como expresión del mundo natural. La mayoría de esas propuestas contenían, sin embargo, una fuerte carga ideológica que  consideraba la ética y la moral como factores determinantes de su ‘Deber Ser’, categorías exigibles sin las cuales la existencia se volvería un caos. O sea: sin dioses, la naturaleza y su orden implícito se volvía mandatoria. Y la naturaleza como expresión o realización de un Cosmos impersonal  pero inevadible, venía a ser como el régimen necesario de “lo que Es” fuera de lo cual, el caos. Y el caos NO ES OPCIÓN. El universo existe porque la materia organizada tiene rieles, guías o rutas de cómo la existencia puede Ser, fuera de lo cual no hay existencia sino saldos insolutos… Y la realidad no cuadra con eso. El Budismo fue de las primeras filosofías en preconizar esta teoría con éxito. La filosofía de Lao-Tsé también, un poco antes. Y en el mundo clásico europeo apareció igualmente este pensamiento: la Escuela de Diógenes fue de las principales, y después los Estoicos. Tras el Renacimiento, numerosos pensadores se adhirieron a esa idea y hasta el siglo XX siguieron Escuelas parecidas formando a veces verdaderas corrientes de pensamiento filosófico… Carlos Darwin, el precursor de la teoría de la evolución, tenía esa idea de la existencia!

En general, hoy día predomina la idea de la naturaleza y el cosmos infinito como una existencia constante solo determinada por la presencia indestructible de la energía que se revierte sobre sí misma para dar origen a la materialidad y sus procesos. Dios no entra en estos supuestos, y solo permanece marginalmente en el seno de lo religioso que se ha vuelto instancia personal, metafísica, aunque avanza en la conciencia humana como una última ratio ineludible. Y el factor “servicio a Dios” permanece sin que las instituciones religiosas expliquen DE QUÉ SE TRATA ése servicio, salvo el principio del Hombre que es rehén de su mala conducta y está bajo juicio, precisamente de Dios, que le exige sumisión. De ése modo Dios, de ser Padre y Líder de la humanidad, ha venido a ser Juez y Amo: una transformación agresiva que denigra a Dios y al propio Hombre. De dónde o cómo emergió ese concepto radical? Del propio cristianismo en todas sus modalidades, y del Islam, heredero también de los criterios paulistas.

Y sí, en efecto: el Ser humano se porta mal, muy mal. Con la naturaleza (a la que considera inerte y fuente de toda disponibilidad); con los seres “irracionales” que lo acompañan (a los que considera ‘a su disposición’, PARA lo que necesite). Y se porta fatalmente igual de mal consigo mismo instituyendo toda clase de limitantes para sus semejantes  con el fin de “aprovechar” en beneficio personal todo lo posible sobre la tierra, en esta vida. Aquí y ahora. Cree que no está de paso. Pertenece…! No hay qué le exija orden. No hay necesidad, como le llama la filosofía.

Se necesita claridad para entender que lo que existe, lo que ES, vive porque ES: la naturaleza (léase: Dios mismo) se expresa así. Es  su “forma natural” de realización: Es su expresión… Y no necesita justificante, justipreciación o validación de ningún tipo. El cosmos/Dios resulta ser un proceso continuo de realizaciones que no reclaman un “para qué”. La propia existencia lo valida como Ser, en tanto se identifique con las leyes del ‘desarrollo continuado’ como le llegó a llamar el marxismo (detalle ‘olvidado’ por los marxistas posteriores)… Y allí justamente está el problema: el Hombre actual NO SE AJUSTA a esos principios de desarrollo objetivo, natural, de “deber Ser” que Kant llamó Imperativos categóricos:  el Hombre actual cree que su libre albedrío le da permiso y significa autorización para hacer arbitrariamente lo que quiera… Como si un pez de pronto decidiera que quiere vivir fuera del agua…

Francisco Munguía. Ciudad de México. Verano de 2020.

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