LA GRACIA DE LA FEMINIDAD
Está de moda, parece, exaltar a la mujer como un Ser privilegiado, excepcional, y representativa de lo más rescatable y caro de la creación, inicuamente mantenida al margen del desarrollo de la sociedad: aparte de considerar a la mujer un ser de segundo orden -inferior al hombre y supeditada a él- se planteaba incluso en la Escolástica medieval si la mujer “tenía Alma” o no... Es decir, si era como un animal! Esos fueron los niveles a que la sociedad cristiana llegó!
Y es que desde las redacciones sacerdotales hebreas, que culparon a la mujer de la desventura humana (apoyándose en Dios, claro, como que Él les dictaba semejante majadería) se generó una especie de animadversión o enemistad con la feminidad que la llevó a arrinconarla en el estadio del amor despreciable... La sociedad griega inicialmente, y luego la latina también, consideraban que sólo servían para la procreación, mientras los varones se despachaban placenteramente entre sí... Parece increíble, pero hasta bien entrada la modernidad, un autor como De Maupassant, un misógino bien reconocido (aparte de ser un gran autor, bien conocido también), sugeria que las mujeres no tenían las posibilidades de realización del varón porque no les estaba dado: dinero, negocios, solvencia, aseidad...
La mujer, proponia este hombre (que además de ser un libertino se negó a casarse nunca), solo tiene su belleza, con lo que compensa todo y gracias a lo cual puede acceder a un nivel razonablemente bueno...
Por que se da, de donde nació esa descalificación tan brutal hacia la mujer? Socialmente visto, TODOS los pueblos quisieron ver en la mujer un ser inferior salvo los Etruscos, que la consideraban igual que el varón: compañera de vida y socia existencial... Y de los Etruscos casi no se habla, quizá por ese detalle...
Entonces, pues: de dónde viene ese desprecio y por qué? Como ya se mencionó antes: DE LA RELIGIÓN! Al Principio creador, única opción explicativa de la existencia, se le consideró siempre como masculino. Y el Ser humano quiso identificarse con ese principio, de donde entonces, el hombre físico, el macho, terminó por volverse el responsable de todo su entorno en el cual, la mujer, como lo ponen los mitos, es como la tierra: recipiente: solo recibe lo que el hombre da...Y así parece, desde que en la misma procreación, sin semen no hay generación.
Por eso mismo, los genetistas modernos y las irreductibles partidarias de la “liberación femenina” estudian la posibilidad de desarrollar embriones a partir del solo óvulo sin la intervención masculina: la promesa de la tecnología se vuelve contra uno de sus desarrolladores... La perspectiva: la clonación femenina y, por lo mismo, prácticamente la desaparición del varón... ¿Será esto posible? Ya se sabe que si...
Por tanto, como planteamos al principio: la exaltación de la mujer no es solo su magnificación, sino además, una especie de revancha en que el hombre tiene todo por perder, y eventualmente, esto solo llevaría a una inversión de roles hasta la constitución de un matriarcado nunca antes demostrado pero posible... Lo más sorprendente de esto es que, en general, los varones aprueban y apoyan el feminismo sin columbrar lo que significa a la larga... Aunque, hay que reconocer: las reacciones más irracionales que están apareciendo testimonian que el hombre sospecha, inconscientemente quizá, que semejante ‘movimiento’ no le favorece en nada y si representa un desplazamiento de derechos que, por cierto, no quiere ceder: por eso los crímenes y la violencia contra la mujer a niveles nunca vistos... O si vistos
antes, pero como ejercicio de la supremacía masculina...
Por eso, el género masculino debiera reconocer en la mujer un igual... Jesús mismo, en su predicación, así lo estipulo, y en los Evangelios se patentiza esto en la parábola de la “curación de una hemorroísa”... Lo que pasó es que no se entendió este mensaje ni entonces ni ahora, y la clerecía optó por considerar “los milagros” como taumaturgia lineal, con lo cual se perdió todo sentido de las revolucionarias propuestas del Profeta, y hasta han tenido que descalificar y ocultar la verdad de Magdalena, por ejemplo, verdadera Apóstol y compañera de Jesús, a quien han convertido en casi un eunuco y a ella en prostituta...
No se llama con esto a la deificación de la mujer, un extremo al que se está llegando por el desconocimiento e incomprensión de lo que se busca: el hombre, cuando eleva a la mujer por encima de sí mismo, se derrota. Y el que.

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